Evaluación y PEI

Para abordar la relación que guarda el Proyecto Educativo Institucional y la herramienta de la Evaluación, se tomará como sustento la perspectiva que brinda Ángel Ignacio Ramírez (2009), a través de su libro ‘Evaluación de los aprendizajes y desarrollo institucional’.

La Evaluación se toma como componente pedagógico del PEI. Pensar la evaluación en tanto componente dinámico de un sistema y, a la vez, como subsistema complejo, implica tener en cuenta que en su lógica y dinámica intervienen una serie de elementos: enfoque pedagógico, modelo educativo, trabajo docente, manejo apropiado y riguroso del lenguaje de cada campo de conocimiento, particularidades de cada estudiante, factores socioculturales asociados, ayudas educativas, ambiente escolar, gestión de la propuesta pedagógica, tipo de prueba, entre otros; es decir, todos los factores y áreas estratégicas del Proyecto Educativo Institucional.

Asimismo, la evaluación juega un papel relevante dentro de la dinámica misma del PEI. Aquí hacemos referencia al aspecto de la Evaluación Institucional. En una primera aproximación podemos decir que la Evaluación Institucional es una investigación evaluativa que se realiza en una institución educativa para obtener bases firmes de apoyo a la toma de decisiones sobre política institucional, planificación y gestión educativa, administrativa y económica.

El solo hecho de plantear la evaluación institucional como una actividad de investigación nos debe hacer reparar en la rigurosidad que exige, tanto en su diseño como en su ejecución. El proceso de recolección de información y análisis que toda investigación supone, nos debe permitir construir un saber acerca del establecimiento y sus problemas, plantear alternativas posibles, trazar estrategias, tomar decisiones y planificar las acciones.

Es evidente que la Evaluación Institucional, concebida de esta manera, se encuentra en el centro de la búsqueda de la mejora continua de la calidad educativa de la institución.

Hoy la calidad se ha convertido en una exigencia, y los cambios necesarios para alcanzarla en un imperativo, no sólo porque la Ley General de Educación la consagra, sino porque la sociedad la cuestiona y demanda. No se trata, pues, de una búsqueda de mayor calidad cerrada sobre sí misma, sino de una búsqueda que atienda al criterio de responsabilidad social que le cabe a las instituciones en cuanto a su misión educadora (Cf. INET, 2003).

En segundo lugar, el éxito de un PEI depende en gran medida de la capacidad de la comunidad educativa para realizar una gestión integral participativa. Dentro de esta gestión está la retroalimentación de todos los procesos, que surge del acompañamiento y la evaluación. Por tanto, la retroalimentación es inherente al PEI, como lo son también los procesos que la nutren, todo lo cual da la información necesaria para la toma de decisiones sobre la continuidad, ajuste o replanteamiento de los procesos. El acompañamiento y la evaluación permiten además, visualizar el desarrollo de los procesos, detectar logros y dificultades, verificar si las acciones y estrategias se desarrollan de acuerdo con la política educativa nacional y los propósitos formulados dentro del PEI y, en general, la pertinencia del quehacer educativo frente a la realidad institucional y local.

Los anteriores referentes permiten identificar los indicadores de efectividad, eficiencia, pertinencia,  coherencia y capacidad de transformación del PEI, entre otros. La educación, como servicio público, debe orientarse hacia "una cultura de renovación permanente en la que el ciudadano sea el eje del desempeño estatal". (Documento CONPES 2790, 1995). En el contexto del PEI, esta cultura tiene que ver con el derecho y el deber de la comunidad a exigir resultados, y ser corresponsable de la calidad del servicio educativo (Cf. Mutis, 2012).

Principios que orientan la Evaluación Institucional (autoevaluación)

a. Autonomía institucional.

Fortalecimiento de la independencia de la escuela en la toma de decisiones propias para analizar y mejorar sus procesos pedagógicos y de gestión, remplazando el control burocrático y unidireccional por autorregulación y autocontrol.

b. Correspondencia entre objetivos y resultados.

Conexión o coherencia entre lo que la escuela ha propuesto en su Proyecto Educativo Institucional y los resultados que obtiene o desea obtener.

c. Participación activa de todos los actores institucionales.

Compromiso activo de todos los integrantes de la comunidad educativa (directivos, docentes, padres, alumnos, personal no docente).

d. Adecuación al contexto en que se inserta la escuela.

Asegurando la pertinencia de los servicios educativos que se brindan en función del entorno y de la comunidad.

e. Retroalimentación.

La institución y sus actores utilizan la información y conclusiones que se obtienen, para convenir los cambios que promuevan el mejoramiento de la gestión institucional y pedagógica.

La institucionalización de la autoevaluación en la escuela ofrece la oportunidad de:

a. Aumentar la participación de todos los actores institucionales, en tanto constituye un trabajo colectivo, en que todos tienen la posibilidad de expresar su opinión, y cuyo objetivo permite establecer consensos sobre el grado de avance de la escuela en el proceso de mejoramiento de la calidad.

b. Intensificar el perfeccionamiento profesional docente y directivo. Permite que los propios docentes y directivos, evalúen el funcionamiento de los procesos pedagógicos de su escuela y los logros de aprendizaje que alcanzan sus alumnos, promoviendo una actitud receptiva a la retroalimentación.

c. Cambiar los esfuerzos individuales por esfuerzos colectivos. Posibilita que las acciones individuales puedan converger al logro de objetivos colectivos. Representa una posibilidad de cambiar las acciones individuales, muchas veces voluntaristas o rutinarias, en acciones colectivas centradas en la reflexión pedagógica e institucional.

d. Desarrollar las capacidades de observación, análisis y planificación institucional. En tanto su objetivo no es controlar, constituye una oportunidad para que la escuela desarrolle la capacidad de “mirarse”, “de hacerse una introspección” y acordar acciones de mejoramiento.

La autoevaluación no es un fin en sí misma, sino que forma parte de la propuesta formativa que realiza la escuela. Su resultado es una propuesta de organización: se espera que la comunidad educativa asuma sus resultados y se organice para mejorar aquellos aspectos que considera deficitarios (Cf. INET, 2003).

Evaluación y retroalimentación

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